Podemos definir a la utopía como un Estado imaginario que reúne todas las perfecciones y que hace posible una existencia feliz porque en él reinan la paz y la justicia. En Utopía hay un importante componente ideal, surgen de los defectos de la sociedad y se basan en las posibilidades de cambio y transformación que ésta tiene en cada momento. Las utopías hunden las raíces en la realidad más auténtica y concreta, aunque sea para criticarlas e intentar transformarla en una cosa mejor.
Todas las utopías tienen en común dos rasgos: describen sociedades que están fuera del mundo, en ningún lugar, y describen sociedades cerradas, sin contaminación exterior, inmóviles y férreamente ordenadas. La pretensión que las distingue a todas es la de dibujar las condiciones necesarias para conseguir lo que las sociedades reales jamás muestran: que todos los seres humanos son iguales.
Eduardo Galeano definía a la utopía como algo que está en el horizonte. Cuando se caminan dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Y se preguntaba: ¿Entonces para qué sirve la utopía?, para seguir caminando.
La motivación, las ganas, el deseo es lo que nunca debemos perder del horizonte.
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